Rock en el Playón no es una limosna

Los precios de las entradas para ver música en vivo están por las nubes. Ir a un concierto se volvió un lujo al que pocos pueden acceder. Frente a este nuevo escenario, vale la pena destacar Rock en el Playón, el ciclo de recitales gratuitos organizados por la Municipalidad de La Plata para que la comunidad pueda acceder a la cultura.

Una familia de cuatro integrantes gasta, en promedio, 269 mil pesos para asistir a un concierto, indicó un informe de la consultora Focus Market. Para poner el dato de relieve, ese gasto representa casi el 26% del ingreso del decil más alto, según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Censo (INDEC).

Respecto a la escena indie, valió 40 mil pesos ir al concierto de Él Mató a un Policía Motorizado, clásico de la música platense, en Atenas el 10 de Mayo. Sale 10 mil pesos ver a Ryan, el emergente de sonido poderoso, en el Vomit Club este viernes para el Día del Amigo. Y cuesta 20 mil pesos ver a Mujer Cebra, la disruptiva de la pandemia, en el Alerta Rock en Vorterix el domingo.

Ello no significa que la cultura haya pasado a un segundo plano. Todo lo contrario: en épocas posteriores a las crisis económicas el consumo de entretenimiento se dispara, señala Focus Market. El deseo de conectar con el sonido de una época no cambió, sí aumentó la dificultad para satisfacerlo.

En ese contexto, una propuesta aprovechó el espacio público al máximo: Rock en el Playón, surgido en los noventa, volvió y tomó más fuerza desde su mudanza. El 24 mayo, Santiago Motorizado apareció con una Stratocaster blanca colgada al cuello y una sonrisa tímida en el escenario nocturno de Plaza Rocha. La multitud se fundió en un aplauso prolongado. En ese preciso instante, quedó claro que el recital no era un ensayo público ni una versión recortada de lo que podría haber sido en otro lado. Era un show real al alcance de la comunidad.

Si se habla de espacio para la escena emergente, es imposible no mencionar a Pura Vida, icónico bar de diagonal 78 entre 8 y 61. Allí ningún músico tiene que poner un peso para subirse a tocar. El sonido lo pone el lugar, y el precio de las entradas lo pone el artista. El espacio sobrevivió a múltiples clausuras y se volvió uno de los circuitos clave, quizás el más importante, del under platense.Nuevas bandas como Esperando el Norte se suben cada fin de semana a su escenario. El deseo disruptivo, común a artistas y oyentes, se traduce en una búsqueda constante de espacios donde hacer sonar su música.

Este sábado a las 15, en Plaza Rocha, tocará Adicta —la banda que en los 2000 sorprendió con Shh y acaba de sacar un nuevo sencillo—. También estará el joven Marcos Fava, que regresó con su canción Gracias. Reot pisará fuerte con su nuevo disco de guitarras al palo y sonido potente. Candela Petró, con una voz al estilo de Lula Bertoldi, aprovechará quizás el público más numeroso que haya tenido.

Detrás de bambalinas, el que articula la propuesta es Federico Moura, sobrino del líder de Virus. “Este ciclo funcionó en los años 90 también, yo hago música desde esos años y era un sitio donde todos los músicos platenses queríamos tocar”, dijo.

Mientras tocaba Vórtice, un muchacho de rulos y piel trigueña parado al borde de Plaza Rocha se acercó a su novia, pálida y de cutis suave, y la besó con suavidad. Esa imagen refleja una verdad: La propuesta convoca tanto al músico independiente en busca de espacio como al oyente fiel, ese que no abandona el sonido que ama, incluso cuando las entradas son inalcanzables.

No hay que confundirse. Rock en el Playón no es una limosna para quienes no pueden acceder a un show en un estadio repleto. Allí se respira cultura viva. Y, a veces, lo que ocurre un sábado a la noche bajo las luces de la ciudad tiene más verdad —y más intimidad— que cualquier show multitudinario. 

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